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La mayoría de nosotros guarda en su interior sueños que, una vez realizados, podrían ser la fuente de una vida más profundamente satisfactoria. Pero a pesar de nuestros mejores esfuerzos, aquellos sueños muchas veces se nos deslizan entre las manos de forma trágica o silenciosa. Moshé Feldenkrais creía que todos guardamos extraordinarias capacidades dentro de nosotros y que lo que haría falta es un método apropiado y un poco de dedicación para desarrollar nuestro entero potencial.
El movimiento, según Feldenkrais, es clave en este proceso.

Imaginemos una persona B. que le gusta cantar pero – por alguna razón – está convencida de que no tiene mucho talento. Sin embargo le gusta, y en realidad le encantaría poder desarrollar su potencial de canto porque en el fondo intuye que lo tiene.
Imaginemos ahora que B. va a una clase de canto determinada donde lo único que le piden es cantar una canción que le gusta y en lugar de corregirla simplemente le piden que la cante otra vez pero con una variación en su postura, por ejemplo con un pie apoyado sobre una silla, y que preste atención a la calidad de su voz. De esta forma se sigue desarrollando la clase pasando por diferentes posturas y movimientos “raros”. De repente B. se da cuenta ella misma de que algo está cambiando: su voz se escucha más libre y con una claridad que ni ella creía que fuera posible.
¿Qué ha pasado? O tal vez sería mejor preguntar: ¿Cómo ha pasado?

La experiencia de nuestra amiga B. es lo que pasa a muchos alumnos de Feldenkrais, con la diferencia que no aprenden a cantar sino a moverse mejor.
De niños, muchos nos movíamos de manera natural, expresiva y flexible. Con el tiempo, y tal vez sin siquiera darnos cuenta, muchos hemos perdido esta posibilidad por influencias del entorno, accidentes, miedos u otras causas y nos queda tan solo un remoto recuerdo de cómo era vivir con aquella libertad.